El cuidado infantil universal no es solo una idea

Estimados padres, proveedores y defensores:

Puede que la temporada de presupuestos haya quedado atrás, pero la labor de construir un sistema de cuidado infantil más sólido está lejos de terminar.

Este año trajo avances reales. La expansión del programa de preescolar (Pre-K) y el lanzamiento de nuevas iniciativas piloto de cuidado infantil demuestran que nuestros líderes están empezando a reconocer lo que las familias y los educadores de primera infancia han sabido siempre: el cuidado infantil no es un lujo, sino una infraestructura esencial que permite que los niños prosperen, los padres trabajen y las comunidades crezcan.

Estas inversiones merecen reconocimiento. Son pasos en la dirección correcta. Pero también son solo el comienzo. Ahora que se ha aprobado el presupuesto, tenemos la oportunidad de plantearnos una pregunta diferente: ¿qué sigue? ¿Qué tipo de sistema de cuidado infantil queremos construir, no solo para el presente, sino para la próxima generación?

Imaginen un futuro en el que todas las familias puedan encontrar servicios de cuidado asequibles y de alta calidad cerca de casa. Donde ningún padre tenga que esperar en una lista porque no hay suficientes plazas. Donde cada niño, independientemente de su vecindario o nivel de ingresos, tenga las mismas oportunidades para aprender, crecer y triunfar.

Imaginen a los educadores de cuidado infantil familiar —ya sea en entornos residenciales, centros de cuidado o cualquier programa de primera infancia— reconocidos como socios iguales en la educación, percibiendo salarios que reflejen el valor de su trabajo y respaldados por una financiación estable, equitativa y basada en el costo real de un servicio de calidad. Imaginen un sistema que colabore con las familias en lugar de operar al margen de ellas: un sistema que apoye a bebés, niños pequeños, preescolares y niños en edad escolar con opciones flexibles y disponibles todo el año, que se adapten a las realidades de la vida laboral.

Ese es el futuro por el que vale la pena luchar.

Al comenzar a planificar las prioridades legislativas y presupuestarias del próximo año, persisten preguntas difíciles:

  • ¿Qué barreras siguen impidiendo que las familias accedan a servicios de cuidado?

  • ¿Cómo eliminamos las listas de espera?

  • ¿Cómo garantizamos que la financiación llegue de manera justa a todos los entornos de cuidado infantil?

  • ¿Cómo construimos una fuerza laboral que pueda permanecer en la profesión porque se siente respetada, apoyada y cuenta con financiación sostenible?

  • Y lo más importante: ¿cómo pasamos de programas aislados a un sistema verdaderamente universal?

Ninguna organización ni ningún funcionario electo tiene las respuestas por sí solo. Provendrán de proveedores, padres, defensores, líderes comunitarios y responsables de formular políticas que trabajan bajo una visión compartida; y el cambio real ocurre cuando las personas mantienen su compromiso incluso después de que los titulares desaparecen y se realizan las votaciones sobre el presupuesto.

Así que sigamos imaginando. Sigamos organizándonos. Sigamos alzando la voz. Sigamos construyendo un sistema de cuidado infantil que valore a cada niño, a cada familia y a cada educador.

El cuidado infantil universal no es solo una idea: es una visión que podemos hacer realidad, una política, una inversión y una voz unida a la vez.

En solidaridad,

Gladys Jones

Fundadora y CEO, ECE en movimiento

Que Dios los bendiga a todos.

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